NECESIDADES BÁSICAS

El valor curativo del arte

No hay espacio en el mundo para albergar la multitud de ideas que genera el cerebro humano.
Foto: Freepic Diller
Foto: Freepic Diller

Todos hemos oído decir en más de una ocasión, que las ideas se asemejan a las semillas.

Estas para germinar, desarrollarse y florecer, precisan del alimento que le proporciona el suelo, el aire, el agua, la temperatura y el sol.

Cuando falta alguno de estos componentes o no se dispone de su administración correcta, aparecen las deficiencias que pueden llegar, incluso, a la extinción de la planta.

Algo parecido suele ocurrirle al ser humano y las crisis se asemejan a lo anterior; algo falta para que los hombres no podamos desarrollamos como las semillas que precisan de esos cuidados y la satisfacción de esas necesidades básicas.

Sufrimiento

Cuando esto ocurre, el hombre se vuelve triste, melancólico y abatido por el sufrimiento trata de superar la desesperación con el desarrollo de nuevas estrategias y afrontamientos, uniéndose al apoyo de muchos y no quedar sólo, ya que la soledad no cuenta con los recursos necesarios para superar estas situaciones y la fuerza de un hombre aislado es siempre muy pequeña.

Las actividades artísticas ejercen una gran función catártica, de manera que los sentimientos y emociones del artista por muchos y que, en el fondo, su imaginación y su trabajo es de toda la población que le rodea e incluso de generaciones anteriores.

La correcta interpretación de la obra del artista nos lleva a sumergimos en su mundo de comunicación e interpretación de los acontecimientos ligado, casi siempre, al valor de las emociones y a la visión de la naturaleza representada por la forma y el color en las artes plásticas.

Lo que el artista nos quiere comunicar va más allá de lo que podemos expresar con la palabra y, a veces, ni esto, primando el simple sentido de la expresión a través de una raya, un ángulo o la representación de la naturaleza a través del cubo, el cuadrado y la esfera al estilo cubista.

Y es que la multitud de ideas que genera el cerebro humano, no habría espacio en el mundo para albergarlas.

Aprendemos a valorar lo bueno cuando hemos tenido experiencia de lo malo

Si pudiéramos hacer un cribado de las mismas, separando las buenas de las malas dentro de la consideración común que tenemos de lo bueno y de lo malo, es posible que desapareciera el arte como tal, ya que aprendemos a valorar lo bueno cuando hemos tenido experiencia de lo malo.

Un concierto de música estridente y desafinado, casi todo el mundo lo rechazaría. Pocos valoran el trabajo si no lo han tenido nunca, pero cuando se tiene y luego se pierde, es cuando nos damos cuenta de su valor.