¿Qué hago si mi hijo no duerme?
El insomnio es un trastorno complejo, que debe ser valorado con una historia clínica completa.
El insomnio requiere siempre un abordaje diagnóstico y terapéutico riguroso.
El insomnio es un trastorno complejo que debe ser valorado con una historia clínica completa, identificando factores desencadenantes y asociados, y profundizando en sus causas.
Hablamos con las neuropediatras Marta Furones García y Nuria Lamagrande Casanova, de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP), sobre el sueño en la población infantil.
Pregunta: ¿Estas premisas siempre se cumplen?
Respuesta: Lo cierto es que no. En muchas ocasiones los padres no consultan sobre los trastornos del sueño de sus hijos por la falta de conciencia sobre la importancia de dormir, o la creencia errónea de que es algo normal en la niñez, sumado a la percepción de que los “remedios milagro”, que cada vez cobran mayor importancia en los medios, pueden solucionar esas dificultades de forma inmediata.
Remedios milagro
Además, muchos de estos remedios son comercializados bajo el nombre de “naturales”, lo que puede dar la falsa idea de que son siempre seguros.
Pregunta: Existen suplementos, pastillas naturales, remedios caseros … que se dan a los niños, niñas y adolescentes sin prescripción médica. Cuánto de daño podemos estar infringiendo…
Respuesta: La realidad es que el tratamiento fundamental del insomnio debería basarse en medidas conductuales y una adecuada higiene de sueño. Esto incluye tener una rutina antes de ir a dormir, con horarios similares todos los días.
Además, es recomendable evitar pantallas en las horas antes de ir a la cama, hacer ejercicio evitando las últimas horas de la tarde, y no consumir alimentos o bebidas estimulantes.
Otras recomendaciones incluyen tener un ambiente agradable en la habitación, con poca luz, silencio, y una temperatura agradable.
De forma paralela existen terapias familiares con técnicas que ayudan a que los niños sigan conductas de sueño adecuadas.
Los medicamentos únicamente se reservan para casos en los que las medidas anteriores son insuficientes, y siempre se deben usar el menor tiempo posible y a la mínima dosis eficaz. Estos tratamientos siempre deben estar supervisados por un médico.
Melatonina
Uno de los más usados es la melatonina, que se usa para tratar el insomnio en niños que padecen autismo u otros síndromes neurológicos, además de poder ser útil en el insomnio de conciliación, y en el retraso de fase en adolescentes, pero siempre de forma supervisada por un especialista.
Aparte de las fórmulas de melatonina comercializadas como fármacos, este mismo principio activo puede comprarse como suplemento sin necesidad de receta.
Su uso puede ser perjudicial, ya que pueden contener otras sustancias nocivas en su presentación. Asimismo, no acudir al especialista puede hacer que no se detecte y se trate de forma inadecuada la existencia de otros problemas concomitantes que puedan ser la causa de las dificultades del sueño.
A fecha de hoy, no existen estudios que avalen su seguridad en el largo plazo en el desarrollo infantil, por lo que no se debería generalizar su uso.
Dormir bien
A su vez, existen productos de fitoterapia, como la valeriana o la pasiflora, que se usan tradicionalmente, aunque no hay estudios científicos que avalen su eficacia o efectos secundarios a largo plazo, por lo que no podemos recomendarlos.
Igualmente, algunos de ellos pueden tener efectos secundarios sobre el hígado o el riñón.
Pregunta: Una de las necesidades de la infancia, es tener un sueño de calidad., ¿existe un sueño de calidad común para todos los niños?, o dicho de otro modo, ¿hay un sueño seguro?
Respuesta: Una pregunta interesante es saber qué significa que un niño “duerma bien”. Esto hace referencia a niños que tienen un periodo continuado de sueño, que se duermen rápido si se despiertan por la noche y que tienen un horario similar al que tiene la familia.
No podemos hablar de un número de horas concreto para todos, ya que cada persona tiene unas necesidades de sueño específicas, y hay niños que duermen mucho y otros poco.
En general, desde el nacimiento hasta la adolescencia los periodos de sueño van bajando hasta las 8-9 horas de sueño que necesita un adolescente.
Dificultad para conciliar el sueño
El insomnio es un trastorno del sueño que consiste en la dificultad para conciliar el sueño, mantenerlo o por despertarse antes de lo deseado, a pesar de disponer de una correcta oportunidad de dormir, tanto en horario como en duración.
Pregunta: Las consecuencias del insomnio ¿sólo aparecen en la noche, cuando el niño no logra dormir, o afecta a sus desempeños diurnos?
Respuesta: Las consecuencias del insomnio aparecen tanto de noche, como de día. Las repercusiones a lo largo del día se ven como dificultades en la atención, fallos de memoria, empeoramiento de la conducta, y en peores resultados escolares.
Además, hay estudios que indican que puede afectar a nivel inmunológico y aumentar la obesidad. Y no sólo afecta al niño, sino que repercute en toda la dinámica familiar.
Pregunta: Detrás de un trastorno del sueño, ¿siempre hay una enfermedad neurológica?
Respuesta: No siempre hay una enfermedad neurológica que dé lugar al insomnio.
Por supuesto, puede ser secundario a enfermedades neurológicas, como la epilepsia; secundario a otros trastornos médicos, como el picor, dolor, niveles bajos de hierro o enfermedades psiquiátricas; o también puede ser un trastorno primario de sueño.
Ambiente
Igualmente, puede aparecer tras tomar ciertos medicamentos, o por factores del ambiente desfavorables, como puede ser dormir en una habitación con ruidos o con mucha luz. Y, por supuesto, no podemos olvidar que existen variaciones normales en el sueño de una persona, ya que no siempre dormimos igual.
Pregunta: Cuáles son los profesionales capacitados para tratar el insomnio infantil...
Respuesta: Tanto los pediatras, como los neuropediatras, pueden diagnosticar y tratar a los niños que padecen insomnio.
Pregunta: Una última recomendación…
Respuesta: El tratamiento del insomnio siempre debe ser individualizado, de la mano de una persona experta, quien valorará sus potenciales causas y, en función de las mismas, decidirá el tratamiento específico para cada persona.
Este tratamiento siempre debe ser supervisado y se deben evitar los remedios sin validez científica.